La presentación
del libro ha tenido lugar en:
Librería
Casa del Libro de Bilbao
Viernes
30 de noviembre de 2007, a las 19:30 h.
Intervinieron:
Juan
Manuel Almarza
(profesor
de Filosofía de la Universidad de Deusto)
MĒ
Luisa Amigo
(profesora
de Filosofía de la Universidad de Deusto)
Crónica
de la Presentación
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Rodeada
de familiares, compañeros y amigos, Maria Luisa Amigo, profesora
de Filosofía de la Universidad de Deusto, presentó su último
libro, “Bilbao, un encuentro con el arte”, en la Casa
del Libro. Junto a ella se encontraba su compañero de universidad,
Juan Manuel Almarza quién destacó el lenguaje sencillo
que la autora ha utilizado para hablar de la experiencia estética,
tema sobre el que versa la obra. Y es que Amigo se vale de Lucia,
la protagonista, para poner en situación al lector.
Durante la presentación Almarza fue desgranando el libro donde
se mezcla el conocimiento y la emoción. “Cada conversación
se transforma en la explicación del arte, desvela los secretos
de la obra”, dijo. Y es que “Bilbao, un encuentro con el
arte”, el objetivo que busca, según el profesor, es abrir
el mundo del arte e invitar al lector a evocar sus propias experiencias
frente a un cuadro, una poesía o un paisaje.
Para la propia autora, su libro favorece el encuentro con el arte y
las experiencias estéticas con libertad. “Ver la obra
con los ojos de un niño”, explicó Amigo. Además,
nos recuerda que hay tres puntos esenciales a la hora de tener una
experiencia estética. El primero de ellos es el asombro que
sentimos hacia la obra, ello nos invita a detenernos en ella, convirtiéndonos
en observadores activos y finalmente gozamos frente a ella porque no
evoca emociones.
Así pues, el lector que desee tener una experiencia estética
y conocer la libertad debe descubrirlo en la lectura del libro, “Bilbao,
un encuentro con el arte”.
Gloria Gago Couso.
Ediciones Beta
Presentación
de MĒ Luisa Amigo
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Bilbao,
un encuentro con el arte es un libro pensado para ayudar a vivir
el arte, para que cualquiera de nosotros, sin ser expertos, pueda
disfrutar de experiencias estéticas.
El proyecto de este libro surgió cuando empecé a preparar
unas clases para el Instituto de Estudios de Ocio de la Universidad
de Deusto. El curso se titulaba Claves estéticas para la comprensión
artística. Debo confesar que la idea me entusiasmó desde
el primer momento y la acepté como un cierto desafío.
No dejaba de ser un reto orientar el tema a unos estudiantes diferentes
a los habituales de Estética y Filosofía del Arte en
la licenciatura de Filosofía. El marco del Instituto me ofrecía
una oportunidad para intentar llevar a cabo unas clases vivenciales,
sin poner cortapisas a la emoción estética. Nuestro objetivo
era comprender la experiencia estética con textos literarios,
imágenes y música. Para ayudarnos nació Lucía,
la protagonista de este libro.
Es una estudiante que llega a Bilbao, a casa de su tío Juan,
su padrino, que es profesor de la Universidad de Deusto. Aquí va
a conocer a otros estudiantes de la Universidad y con ellos y también
con su tío Juan, mantiene Lucía diálogos sobre
arte, o acerca de determinadas cuestiones estéticas.
Escenas de ficción: para qué las he incorporado
He incorporado una trama de ficción porque ayuda a visualizar
experiencias estéticas y facilita la comunicación. El
libro tiene una trama novelesca en la que se van presentando situaciones
estéticas de diversa índole. La protagonista, Lucía,
es una estudiante que llega a Bilbao, a pasar unos días con
su padrino, profesor de la Universidad. En el nuevo Bilbao del Guggenheim,
Abandoibarra y el Palacio de Congresos y de la Música, va a
vivir una serie de situaciones que le proporcionarán la ocasión
de reflexionar sobre la belleza y la comprensión del arte. Lucía
y sus amigos nos ayudan a ver en el espejo de ficción emociones
y vivencias que cualquiera de nosotros puede tener cuando elige una
novela, asiste a un concierto o simplemente pasea a lo largo de la
ría contemplando la luz del atardecer.
Experiencias que todos tenemos y podemos tener
Todos tenemos experiencias estéticas y todos podemos tener experiencias
estéticas sumamente ricas. No se trata de que seamos artistas,
no. Mi mirada se centra en las posibilidades que tenemos no como artistas
creadores, sino como receptores. Algunas personas son artistas, creadores
en el sentido más pleno y elevado de la palabra. No todas las
personas, sólo algunas. Pero todas somos capaces de disfrutar
con los colores y con los sonidos, con la música y con las palabras.
Recibimos estas experiencias y cooperamos en esa acción, abriéndonos
a ella. Ahí, sí podemos decir que desplegamos nuestra
creatividad. Esta recepción está al alcance de cualquiera,
por lo tanto de la gente de la calle, que somos cualquiera de nosotros.
Es verdad que algunas personas están más educadas estéticamente.
Lucía, la protagonista de ficción de este libro, toca
el violín y le encanta hacerlo. Tiene una educación previa,
que le permite gozar intensamente de la música. Eso facilita
también que disfrute con los poemas, con las obras de arte
o con los lugares que va conociendo en Bilbao.
Ella va a vivir las experiencias desde su vida personal, lo mismo
que Juan o que cualquiera de nosotros. A partir del me gusta, no
me gusta,
comienza la reflexión, ese es el punto de partida de la Estética.
Así se va haciendo un recorrido por sus distintos aspectos y
lo voy encarnando en diferentes escenas de ficción. Por ej.
Un paisaje muy especial, (p. 26), un poema en la playa de Laida (p.
53) o cuando Lucía se encuentra ante el Museo Guggenheim.
(p.84-85)
Lo que pretendo en este libro: favorecer el encuentro con el arte
y a disfrutar de experiencias estéticas.
Creo que se puede favorecer el encuentro con el arte y facilitar
el tener experiencias estéticas. Es importante tener una actitud
abierta, receptiva. Por lo tanto, en primer lugar, debemos liberar
la capacidad de mirar, en sentido literal, es decir, abrir los ojos
a la realidad que nos rodea. Me gusta recordar al pintor Matisse cuando
decía que debemos mirar con ojos de niño. Recoge muy
bien la mirada limpia, asombrada de los niños y también
la capacidad de concentración que tienen cuando algo cautiva
su atención. Para nosotros, adultos, liberar la mirada, de la
prisa, de las preocupaciones cotidianas, es una condición para
que podamos detenerla en el color de las hojas de los árboles
en otoño o en los reflejos del atardecer en el titanio del Guggenheim.
Debemos ser conscientes de nuestras posibilidades y de la riqueza que
nos proporciona el encuentro con la realidad. Yo creo que ése
es un buen punto de partida.
Así en el libro se van presentando experiencias estéticas
y se analizan las diferentes fases de una experiencias, cómo
podemos comprenderla.
Favorecer el encuentro con el arte. ¿Cómo hacerlo?
Las experiencias son encuentros con el arte, son ejemplos que fácilmente
reconocemos porque todos, de una u otra manera, los vivimos. ¿Cómo
podemos favorecer estos encuentros?
Debemos facilitar nuestra apertura a las obras y eso significa también
abrir los ojos, tener una actitud abierta, receptiva, porque somos
el complemento de la obra. Esta es una idea que se estudia en Estética
y que U. Eco la expresó muy bien: toda obra de arte, terminada,
concluida por su autor, es, a la vez, una obra abierta a nosotros.
Toda obra requiere ser acogida, recibida. Es el punto central. Tenemos
que ser respetuosos con la obra y, a la vez, dialogar con ella, hacerla
nuestra. Sin duda, ahí en ese encuentro volcamos nuestro yo,
nuestros conocimientos, y también la emoción que nos
produce, el momento en el que la vivimos. En el libro presento a Lucía
en diversas situaciones, viviendo obras desde su situación personal.
No puede ser de otro modo. Así por ejemplo, en Remando con Rachmaninov.
Ella ha vivido ese concierto en un ambiente, con unas personas, -especialmente
con una persona, Franz-. Todo ese mundo está presente en la
experiencia. Por eso se dice en varias ocasiones que experimentamos
el arte a nuestra manera.
Además de la experiencia estética, que es el centro de
reflexión, se tratan también otros temas, como la belleza
o el arte.
No podemos renunciar a hablar de belleza. Borges decía que al
cabo de los años había observado que la belleza es frecuente
y que no pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso.
La pregunta nos lleva a ver qué entendemos por belleza. En el
capítulo sexto Lucía y sus amigos discuten sobre esa
cuestión y encarnan diferentes posiciones. Lucía no duda:
el Guggenheim le parece muy bello; le gustan sus formas, el material
de que está hecho y las posibilidades que brinda a la luz.
Por esas razones no duda en utilizar la palabra belleza.
Por ello voy presentando las diferentes concepciones en torno a la
belleza, la vivencia de la belleza ante el paisaje, la belleza como ámbito
de plenitud y encuentro. O la belleza y la fugacidad, a propósito
del final de Lohengrin, una ópera que van a ver Lucía
y los estudiantes. Recuerdo que algunos amigos pidieron a Wagner que
modificara el final de la ópera, de modo que algún motivo
impidiera la partida del cisne y del caballero. No lo hizo porque no
podía hacerlo: ése era el tema central, es decir, la
nostalgia por una pérdida. Bien, es una imagen perfecta de la
belleza. La belleza irrumpe en nuestra vida, -quizá como dice
Borges, con frecuencia-, pero desaparece y genera un sentimiento de
pérdida, de nostalgia que los poetas y muchos artistas conocen
muy bien. La plenitud de la vivencia de la belleza está acentuada
por su fugacidad. Ese intersticio, entre la plenitud de la vivencia
y la conciencia de nuestra temporalidad, está teñido
de nostalgia y es un espacio presente en el arte, en muchas obras de
arte, como en Lohengrin, en muchos poemas de Juan Ramón o
en las pinturas de Friedrich y en tantas obras de arte.
Belleza como comprensión
Ahora bien, el término belleza es, en ocasiones, poco oportuno
en muchas propuestas artísticas. Muchas obras de arte no buscan
la belleza; quieren encarnar aspectos críticos de la realidad,
denunciarlos o ser espejo de nuestra sociedad. Pero incluso podemos
verlo en el arte clásico, por ejemplo en una tragedia, debemos
matizar el concepto. Lucía y sus amigos van a ver la representación
de Medea al teatro Arriaga. ¿Podemos hablar de ella en términos
de belleza? Sabemos que trata un tema tremendo que parece no encajar
con una noción de belleza sensible. En mi opinión hay
otra dimensión muy interesante de la belleza si la entendemos
como comprensión. Aristóteles nos proporciona una buena
pista cuando habla del teatro y vincula el gozo a la comprensión
intelectual de lo que está ocurriendo en la escena. Si a esta
comprensión unimos el hecho de que la obra se representa en
un escenario, con los medios propios, nos encontramos con otra dimensión
de belleza. Es una experiencia sumamente interesante porque nos lleva
a un ámbito de descubrimiento, de conocimiento y de valor.
Voy a ir terminando
Una idea básica que destaco en el libro es que no podemos reducir
el arte a mera diversión, placer sensorial, alivio o contagio
emocional. Comunicarnos con una obra de arte, a veces, lejana en el
tiempo y en el espacio, significa que la obra de arte no puede considerarse
como mero entretenimiento. Sabemos que hay obras reconocidas en la
historia del arte que se situarían a ese nivel. Pero eso no
nos lleva a la comprensión del arte como mera decoración,
escamoteando otras dimensiones que son claves. La experiencia del arte
no puede reducirse a mero contagio emocional ni tampoco al extremo
opuesto: sólo conocimiento.
Hay muchas obras, pero sólo algunas merecen la pena, porque
son formas clarificadas, nuevas significaciones de lo humano que nos
emocionan y que podemos comprender. En otras palabras: el arte es una
cuestión de valor. Nos interesan las obras por los valores
humanos que los artistas expresan y condensan en ellas. Sabemos que
algunas
tienen la capacidad de impactarnos, removernos, inquietarnos por
el mundo expresado en sus formas.
Las obras de arte nos enriquecen personalmente. No sólo por
los valores estéticos, sino porque despliegan su riqueza hacia
otros ámbitos. Más aún los valores que el arte
ayuda a desarrollar en las personas, los desearíamos realizables
para cualquier persona, es decir, universalmente. Lo que nos llevaba
a una especie de prueba: A más universalización, más
valor.
Ahora sí que termino y lo voy a hacer con un poema de Borges
que recoge muy bien, algunas ideas que desarrollo en el libro. Muestra
que el arte nos importa, nos interesa, cuando condensa nuestros sentimientos
y nuestras inquietudes, cuando nos vemos en él, como en un espejo.
Así lo expresa Borges en el siguiente poema:
Arte poética
Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.
Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.
Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,
ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.
A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.
Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Ítaca
verde y humilde. El arte es esa Ítaca
de verde eternidad, no de prodigios.
También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.
Jorge Luis Borges, El hacedor.
MĒ Luisa Amigo.
Bilbao, 30 de noviembre de 2007